Violencia política

Entre 1980 y 1990 el Perú vivió un proceso de violencia política, en el cual los movimientos socio-políticos denominados Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru tuvieron entre otras zonas de incursión el departamento de Apurímac. En este periodo tanto hombres como mujeres resistieron a la ideología impuesta, sin embargo en su mayoría las mujeres fueron el blanco de la guerra, no porque constituyeran una amenaza sino como un medio para herir o castigar a sus hombres, sean estos padres, hermanos o hijos, en la mira de uno u otro bando de la guerra.
En Grau se distingue dos fases de esta etapa, la primera entre 1987-1990, de control subversivo. La organización social y política se desarticula y destruye, y se pierde el interés por representar a autoridades provinciales. Prima el interés de protección de la vida y la seguridad. Diversas consecuencias se presentan en torno a la subversión, siendo las más importantes: el estancamiento e incluso el retroceso del desarrollo, con características como la desaparición de los derechos humanos, derechos de reunión y opinión, el abandono de la actividad agropecuaria y la deserción escolar. Sin embargo, algunos problemas como el alcoholismo y el abigeato tenían tendencia   a disminuir.
La segunda fase, entre 1990-2000, es de control militar. Si bien se permite la libertad de culto, derechos de opinión y reunión, son restringidos y bajo vigilancia militar. La presencia del Estado es mayor y se atiende algunos problemas como el mejoramiento de la infraestructura vial y servicios básicos (agua, electricidad, educación).
En el desarrollo de estas etapas la capital provincial, Chuquibambilla, fue atacada por su condición de sede de las actividades político-administrativas y por albergar a la sede de la Policía Nacional del Perú. Luego de los enfrentamientos con Sendero Luminoso, las fuerzas militares instalarán una base en este lugar. De manera similar se registraron incursiones en los distritos de Totora Oropesa (Prov. de Antabamba) y Coyllurqui (Cotabambas), entre otros. Este tiempo significó no sólo para el departamento de Apurímac, sino también para el país, la pérdida de vidas humanas, de infraestructura y de recursos económicos; a la par se incrementaron las migraciones y por tanto la fuga de capital humano valioso. Por otro lado, no sólo se habla de violaciones y tortura, sino también del despojo de animales, casas y bodegas.
Algunos cambios, aún se mantiene hasta la presente década. La acción legal más importante que trató de cambiar el sistema de tenencia de la tierra fue la Ley de Reforma Agraria 17716, que afectó las grandes propiedades, en favor de la población indígena, convertidas en comunidades campesinas, que albergan al grueso de la población del departamento. Sin embargo, la referida ley sólo afectó al 5% de las propiedades, provocando un reacomodo dentro de los intereses de las clases dominantes locales.
En el período de 1968 a 1980 las autoridades grauinas no fueron elegidas, existía un gobierno digitado; en este contexto las comunidades campesinas fortalecen su organización y constituyen la Federación Agraria Revolucionaria de Apurímac (FARA), apoyadas por la movilización social promovida por SINAMOS. En 1979, la elección de las autoridades no se orientó significativamente hacia un proceso democrático, seguían eligiendo las minorías, el cambio se inicia con la organización de las comunidades.
Vemos así que en el contexto histórico Apurímac, y particularmente la provincia de Grau, se ha desenvuelto económica y socialmente en un ambiente de dominación minoritaria y marginación de las mayorías, sin un ordenamiento y planificación en la explotación de sus recursos, tanto humanos como naturales, con una explotación perfectamente de acuerdo a los intereses de los grupos dominantes y en desmedro de la mayoría de la población



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Época colonial

Se debe recordar que la conquista española significó para los pueblos sojuzgados la destrucción de su economía agrícola, para orientarlos hacia la economía minera de explotación de metales preciosos como el oro y la plata; por esta razón llegaron los primeros españoles y religiosos, quienes a partir de la explotación de algunas minas motivaron la formación de muchos pueblos, como por ejemplo en la provincia de Antabamba. En la explotación minera se nota la presencia de portugueses, como en el distrito de Progreso, donde aproximadamente por los años 1600 descubrieron las minas de Cochasayhuas, lo que originó la formación de varios caseríos. Tales actividades son evidenciadas por muchas reliquias arquitectónicas (iglesias, puentes, etc.) en varios pueblos, como el templo de Mamara y Turpay, también llama la atención la traza urbana de Mamara. Otros asientos mineros datan de los años 1760, como Yuringa, Angostura y Huallhuapampa, y en el distrito de Mamara, Trapiche, Ninaccasa y Ccorihuay. Estas evidencias demuestran que la actividad minera fue importante para el departamento de Apurímac y en particular para la provincia de Grau, en tanto los suelos no son potenciales para la agricultura.
Los territorios del actual Apurímac sustentaban su economía en sus actividades agrícolas, y se caracterizaban por ser un centro abastecedor de otras intendencias de productos de pan llevar y derivados de la caña de azúcar como chancaca, aguardiente, azúcar, etc. Se calcula que hacia mediados del siglo XVII debe haber arraigado la hacienda. Los primeros hacendados en establecerse fueron los jesuítas, corregidores y caciques, basándose en las donaciones, reparticiones y composiciones de tierras y habitantes que tenían lugar periódicamente, tanto para efectos de tributo como mitas. Esta ocupación se concentró principalmente en Abancay, lugar que absorbía gran cantidad de mano de obra del actual departamento. De tal forma que el sistema de hacienda se remonta a la Colonia, generando desigualdades económicas entre la población apurimeña.
Además de las actividades agrícolas hay que señalar que la ganadería también propendió a desarrollarse con la introducción de nuevas especies que se adaptaron adecuadamente al medio ambiente, como el ganado ovino, vacuno y equino, aparte de los camélidos que eran oriundos, constituyendo con el tiempo la actividad que, junto a la agricultura, habría de ser la principal en la economía apurimeña.

El período republicano

El periodo republicano, y más concretamente el proceso de la independización, no tuvo mayores incidencias sobre la forma de tenencia de la tierra, ni su explotación, a pesar de ciertos decretos que amparaban al campesino y las comunidades (Bolívar 1825-1826, La Mar 1829). Por el contrario se extienden y cohesionan aún más las haciendas, debido a que los intereses y la toma de decisiones eran de un gobierno de corte constitucional republicano que tenía sus representantes en Apurímac, con intereses bien definidos, promoviendo la migración de un importante número de la población en búsqueda de mejores condiciones económicas. En el caso de Grau, las haciendas de mayor importancia se establecieron en zonas de piso de valle, como es el caso de Vilcabamba (2.815 m), así como en zonas de piso suni y puna, como Curpahuasi (3.500 m).
Reforma Agraria
Se sabe que antes de la Reforma Agraria en Grau las organizaciones comunales y las instituciones no tuvieron una importante representación ni poder significativo. Sus autoridades tradicionales, como los varayoc, constituían el poder en la comunidad, pero eran subyugados por los terratenientes, careciendo así de una representación democrática de sus autoridades.
Con la Reforma Agraria se extendió y reconoció el derecho a la propiedad de la tierra de la población indígena. Sin embargo,  la desigualdad en la distribución de la tierra, con algunos cambios, aún se mantiene hasta la presente década. La acción legal más importante que trató de cambiar el sistema de tenencia de la tierra fue la Ley de Reforma Agraria 17716, que afectó las grandes propiedades, en favor de la población indígena, convertidas en comunidades campesinas, que albergan al grueso de la población del departamento. Sin embargo, la referida ley sólo afectó al 5% de las propiedades, provocando un reacomodo dentro de los intereses de las clases dominantes locales.
En el período de 1968 a 1980 las autoridades grauinas no fueron elegidas, existía un gobierno digitado; en este contexto las comunidades campesinas fortalecen su organización y constituyen la Federación Agraria Revolucionaria de Apurímac (FARA), apoyadas por la movilización social promovida por SINAMOS. En 1979, la elección de las autoridades no se orientó significativamente hacia un proceso democrático, seguían eligiendo las minorías, el cambio se inicia con la organización de las comunidades.
Vemos así que en el contexto histórico Apurímac, y particularmente la provincia de Grau, se ha desenvuelto económica y socialmente en un ambiente de dominación minoritaria y marginación de las mayorías, sin un ordenamiento y planificación en la explotación de sus recursos, tanto humanos como naturales, con una explotación perfectamente de acuerdo a los intereses de los grupos dominantes y en desmedro de la mayoría de la población.
RESEÑA HISTÓRICA Y ACTUALIDAD

Época preincaica

La provincia de Grau presenta como característica más importante en su desarrollo histórico la constitución de un espacio eminentemente agropecuario, vocación que tuvo desde tiempos prehispánicos. El departamento de Apurímac fue sede de una importante civilización personificada en los chancas, cultura con vocación agrícola que más tarde sucumbió ante el imperio de los Incas. Restos arqueológicos preincaicos e incas dan muestras del desarrollo humano alcanzado en el actual departamento. Los chancas tuvieron como sede los territorios de la actual provincia de Andahuaylas, pero se identifican en Grau restos arqueológicos que dan muestra de la ocupación de este territorio más bien por agrupaciones menores. Ellos vivían fundamentalmente de los productos que podía ofrecer su agricultura, ésta y su práctica guerrera habían de constituirse en dos de sus actividades cotidianas. También hubo otras zonas del departamento, como el caso de Grau, Cotabambas, Antabamba y Aymaraes, pero eran agrupaciones menores a cuyos grupos se les conocía como kutapampas, kotaneros, umasuyos y aymarás.
Por la fertilidad de sus suelos, Apurímac habría de constituirse en tierra a menudo apetecidas por los incas y chancas, quienes desarrollaron una cruenta lucha, los primeros en el afán de conquistar y anexar nuevos territorios a sus dominios, y los segundos por defender los suyos, con afán de expansión. Los chancas son dominados y por ende el territorio de Apurímac, consolidándose esta dominación durante el reinado del Inca Pachacútec.
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